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Posts Tagged ‘veinte minutos’

Como periodista cada día me toca cubrir al menos una decena de hechos policiales a nivel nacional y de las más variadas características. Desde un robo simple, hasta asesinatos múltiples. Quizás por los años de profesión, o tal vez porque uno se remite a escribir, hablar o fotografiar con la mera intensión de reflejar la verdad en el mayor detalle, nunca me detuve a pensar qué vivía la víctima ni como era el procedimiento post- hecho.

Este fin de semana me tocó estar del otro lado del mostrador.  En un hecho que por respeto a mi privacidad, por un lado, y porque ya es lo suficientemente conocido, prefiero no detallar, tanto mi mamá como yo fuimos privadas de la libertad y golpeadas por un hombre que ingresó abruptamente a nuestro domicilio. Fueron minutos de horror. No puedo decir a ciencia cierta si fueron cinco, diez, veinte minutos o una hora, pero sí, sé que fueron eternos.

Cuando la policía llegó, creí que lo peor había pasado, cuando en realidad apenas comenzaba. Quienes se hicieron presentes en el domicilio fueron brillantes en su trato, contención y forma de manejar la situación. Incluso, hasta tuvieron que tolerar las agresiones varias y golpes de parte del en ese momento aprehendido. El verdadero problema llegó después, cuando me indican, sin darme alternativa, que debo dirigirme a la seccional para brindar testimonio.

El hecho, que ocurrió entre las 19 y las 20.30, con mi arribo a la comisaría, se prolongó hasta las 5,30, en el cual pasé desde personas que ponían en dudas lo que había ocurrido, hasta un pedido de pericia psicológica para todos los implicados, incluyéndome, porque según los efectivos, es parte del procedimiento normal.

Tanto el personal de móviles policiales, como el de la Comisaría de la Mujer, se portaron de manera excelente, pero no así algunos miembros de la seccional de policía interviniente.

Cuando finalmente me permiten regresar a mi domicilio, el cual seguía sin las puertas correspondientes y con mi mamá sin recibir atención médica, pido que el caso se mantenga en reserva por mi exposición ante el ambiente periodístico y político.

Lo sorprendente, fue cuando esta mañana los medios más destacados de la ciudad estaban informando el hecho, pero totalmente exagerado, dado que en el parte primario –que no llegó a mi poder- indicaba que había existido un abuso sexual concreto y daban detalles que no existieron, además de datos específicos, como el nombre y apellido del agresor, dirección, etc.

Sabiendo que se avecinaba un nuevo problema, por el mal manejo de la información, preferí ocuparme primero de la salud de mi mamá, retirándome nuevamente de mi domicilio para llevarla a un centro asistencial, ya que producto de las agresiones tiene una costilla fisurada entre otros golpes.

Según me explican los vecinos cuando regresamos, alrededor de las 9.30 se acercó un móvil policial con los medios de comunicación al domicilio, y como no me encontraba en él, los efectivos comenzaron a apedrear la vivienda e incentivar a los medios a que tomen mayores detalles de la misma.

Uno nunca espera tener que pasar por las experiencias que a diario le toca cubrir. La invasión a la privacidad, el miedo, el imaginar lo que pudo suceder, los daños materiales que quedan en la vivienda, el sobresalto que permanece y se acrecienta con el paso de las horas, el alterarse ante el menor ruido corriente, son cosas que no pueden explicarse con palabras y que sólo se comprenden cuando uno las vive.

Recientemente, el periodista Baby Etchecopar dijo después de haber sufrido un muy violento asalto, que después de una situación semejante uno nunca vuelve a informar ni a vivir del mismo modo.   Y sí, a pesar de que para mí no hubo consecuencias tan graves como en el caso del comunicador conocido como “El ángel negro”, creo que ni la perspectiva ni la vivienda, ni la vida vuelven a ser las mismas.

Siempre me toca estar del lado de mi profesión. Dar a conocer, investigar, a veces hasta juzgar y otras, compartir bromas en común con el personal policial de diversas dependencias de algunos casos polémicos. Pero hoy, estoy del otro lado de la vereda: del que hay que tolerar la burocracia, las especulaciones, el manoseo, no sólo del agresor, sino de la justicia, y el sensacionalismo de algunos medios.

Quiero dedicar un punto aparte para gran parte de mis colegas, quienes al enterarse que las víctimas del hecho somos mi mamá y yo estuvieron no como profesionales, sino como amigos; a los efectivos que acudieron al llamado llegando a arriesgar su propia vida por defender la nuestra; al personal de la Comisaría de la Mujer, quien ofrece desde contención, hasta calidez humana; al comisario Barreto, quien desde que llegó a tomar contacto con la causa sólo se ocupó de trabajar en ella y aclarar las informaciones erróneas y a quienes siempre están en mi vida, y por supuesto, también lo hicieron esta vez: Luis María, Pablo, Ricardo, Mario, Gustavo, Marcela, Betiana, Florencia, a mis compañeras de colegio de la infancia, quienes desde que supieron, no dejan de llegarme mensajes de ellas preocupándose por lo sucedido, y a quienes se preocuparon y se comunicaron. A ellos, simplemente gracias, gracias y más gracias. Y por lo malo de la situación, sólo me resta decir que ahora tendré otra visión de las cosas, y que a pesar de todo, el sol siempre brillará.

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