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Archive for 13 febrero 2012

El último minuto

Tengo tanto miedo de que este minuto termine y que cuando nos separemos pase el tiempo suficiente para que no sepamos si lo que vivimos fue real o tan sólo un sueño.

Te siento así, abrazado, como si sólo eso bastara para inmortalizar el momento y apagar los relojes del mundo. Te beso tiernamente, como si el tiempo fuera nuestro y nos perdonara, pero a su vez con tanta pasión, para no olvidar que no es así y que en breve nuestros caminos se alejarán. El silencio se hace dueño del momento, y los dos pensamos infinidad de cosas que quisiéramos decirnos, pero ninguno tiene el valor para comenzar a hablar. Una lágrima, solitaria, perdida, comienza a rodar por mi mejilla e intento esconderla para hacerlo menos doloroso. Aunque la notas, preferís seguir mi juego y tratar de ignorarla, pero apenas un segundo después, intentas apagarla con un suave rose.

Nuestros ojos se cruzan y aunque sé que llevo las de perder, decido pronunciar un simple “Vámonos”. Ante la incertidumbre de tu mirada, continúo explicándote lo perfecto que sería todo si nos vamos lo suficientemente lejos como para que ni siquiera el destino pueda alcanzarnos.

Al ver la falta de respuesta, comprendo que di un salto a lo desconocido en un instante y me encontré con un abismo. Entonces sonrío y te pido que no te asustes, porque sólo era una broma, intentando recomponer el momento.

Sé que ya no hay otra vez, que esta fue la última y nada volverá, y siento como un puño macabro aprieta mi alma hasta asfixiarla por completo. Quiero entender en qué momento me enamoré y no logro saberlo. Intento darle razones a mi corazón para explicarle que no debe seguir amándote. Quiero mostrarme fuerte y entera, pero en realidad soy una niña acongojada por la derrota de saberte perdido después de haber conocido el triunfo de amarte.

Me duele el alma, tanto como no sabía que podía doler. Siempre me diste la posibilidad de seguir adelante, o separarnos cuando aún no era tan fuerte lo que sentíamos. Hoy me preguntas por qué elegí continuar lo nuestro, sabiendo que sería tan corto como una primavera, que dedica parte de su tiempo a derretir la nieve del invierno mientras la otra, se la presta al verano anticipado.

La respuesta es simple: prefiero el dolor del recuerdo, a no quedarme ni siquiera con eso. Mientras espero que me contestes, aunque sé que no lo harás, comienzo a alejarme; me paro, camino hacia la puerta y sin pronunciar absolutamente ninguna palabra ni volver la vista atrás, me marcho.

También hay una respuesta para eso: jamás hubiera podido ser capaz de verte mientras te alejas o escuchar tu despedida, por eso en un intento de valentía prefiero ser yo la que cierre esta historia para siempre. O quizás sólo por un momento.

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