Mi cuento preferido, cuyo autor, como no podía ser de otro modo es Paulo Coelho, narra la historia de un joven que recorre el mundo entero en busca de un tesoro, sin notar que lo que verdaderamente amaba, siempre estuvo a su lado. Cuando se percata de eso, decide emprender un viaje de regreso a su punto de origen para reencontrarse con lo verdaderamente importante.
Nunca lo relacioné a mi vida, ni pensé en el por qué, una historia tan simple, podía atraerme tanto. De todos modos, casi sin darme cuenta estoy haciendo exactamente lo mismo que el protagonista: llegué tan lejos como quería o podía pretender, y ahora es casi una necesidad volver a la periodista -y la mujer- que fui.
17 meses fue el tiempo que este blog estuvo inactivo. 17 meses en los cuales todo cambió. Hubo cosas buenas, como el sorprendente éxito de www.palabrasclaras.com el periódico que comencé el 1 de septiembre de hace dos años, un programa arrollador en la radio que tanto supe querer cuando estudiaba, conocer a varios de mis ídolos y descubrir que son simplemente personas comunes, iguales a todos -con la diferencia de que por ser famosos a veces están más solos-, descubrir amigos en quienes esperaba sólo un saludo atento, enamorarme, o comenzar a hacerlo.
También sucedieron cosas no tan buenas. Por ejemplo, descubrir el sentido de la frase “Por andar ocupado en el cielo me olvidé que en el suelo se vive mejor”. Esto viene a colación de que el tiempo y el llegar a ciertos lugares me llevó a seguir descubriendo que no siempre las personas son lo que aparentan, que los verdaderos amigos son aquellos para quien siempre seré “Sol”, “Solecito” o simplemente “Romi”, y no “La periodista que trabaja en tal radio o que tiene este periódico”.
Fueron 17 meses y por supuesto ocurrieron infinidad de cosas. Y sobretodo una, que ocurrió esta semana y no viene al caso, me hizo consciente de que todo en esta vida es temporal, y casi como una ficha de dominó, cosa tras cosa fue volviendo a su lugar. Y yo a este blog, mi primer “hogar cibernético”.
Está lloviendo, y eso me causa algo de gracia. Recordando, no encuentro un solo momento importante, o día decisivo en mi vida, en el cual la lluvia no haya participado. Lo que me indica que todo estará bien y que esta es sólo una lluvia más. No es la primera, pero desde ya, tampoco será la última.
simplemente puedo decir que es cierto , muy real todoo lo que indica en su articulo, las cosas pequeñas tienen mas valor si se hacen con sinceridad y nunca hay que olvidar de donde se esta y por quien se esta.